home  |  contacto
ALEJANDRO PIDELLO
 
Nació en Rosario el 8 de octubre de 1947.

Fue co–fundador  de la revista de poesía La Cachimba, que se editó en Rosario entre 1971 y 1974. Actualmente integra el comité editor del sello editorial Papeles de Boulevard, también de Rosario.

Publicó en 1973, Los colores del salón de lectura (Ediciones La Cachimba, Rosario); en 1997, El Diablo in albis (Libros de Alejandría, Buenos Aires), y en 2007, Estación de animales buenos (Papeles de Boulevard, Rosario) libro por el cual obtuvo el Premio Provincial trienal de Poesía “José Pedroni” 2009, para obra editada.

Textos suyos se incluyeron en varias antologías. Entre ellas: Poesía viva de Rosario (Ediciones IEN, Rosario, 1976); Antología de la Poesía Argentina (compilada por Raúl Gustavo Aguirre, Fausto, Buenos Aires, 1979); La única ciudad (compilada por Eduardo D´Anna, Homo Sapiens, Rosario, 1994); Un Siglo de Literatura Santafesina (Eugenio Castelli, Ediciones Culturales Santafesinas, Gobierno de Santa Fe, 1998); Inédit (Diérèse, Ozoir-La-Ferrière, Francia, 2000). Fue incluido en el Breve diccionario biográfico de autores argentinos (Silvana Castro y Pedro Orgambide, Atril, 1999).

 
> Poemas

La Cour des Voraces (1)

La llama arde en la ventana del jardín de la menta.
La piel arde,
en los juegos de los tiempos de los reyes.
La piel habla, desde aureolas
áuricas
y la piel suena, como vestido de oro.
Mas allá, el juego de los pasadizos
con la miel de mil caras que se iluminan
sin luz, en los corredores de las historias de los tejedores de la seda, con ojos
y como las sonrisas de los primeros números.
La barba remojada entre las piernas de tu barbarie
tímida
más audaz o tanto
como las propiedades químicas de tus líquidos
y el frío metal de nuestras espadas.
Para que estemos bien,
se hacen las cosas del otoño, es decir
se vuelve a poner cada hoja
en cada árbol.
Y se ama, o lo que es peor
se ama con el fervor botánico o astronómico de ciertos ángeles.

(1)

La Cour des Voraces

A flame burns in the window of the garden of the mint./The flesh burns/in the games from the time of kings./The flesh speaks,/from aureoles/auricals./The flesh rings, like a dress of gold./Beyond, the game of the pasajes/with the honey of a thousand/faces that shine/lightless, in the corridors of the histories of/the silk weavers with eyes/like the smiles of the primal numbers./The beard soaked between the legs of your savagery /shy/more audacious, or what more/like the chemical properties of/your juices/and the cold metal of our swords./Well we are /autumn’ s things make themselves, that is to say,/each leaf returns to place/in each tree./It loves itself, or what is worse/it loves itself with a botanical, astronomical fervour/of certain angels.
Versión de Alejandro Pidello y Terence X. Erbe

 

Viajes de pintura

Pintar un taxi desde adentro
con trazos de Kandinsky
con letras de intensidad según la mirada
con músicas diferentes según el impacto de la noche en cada esquina
eventualmente contando con el efecto del rojo en el espacio detenido
por las luces acumuladas de la regulación del tráfico. Pintar guiando
tu mano
mojada
de arquera azul en la llovizna perdida de un castillo sombrío en París o Berazategui.
O pintar por afuera un tren interurbano,
sin puertas
lento sobre una noche de agua feroz sin luz para llevar los traqueteos mecánicos,
con números
a lo Bilal, es decir con tu cuerpo abrigado como en invierno del Este
sujetando las herramientas necesarias para la Guerra Fría
y bebiendo un alcohol de lujo con nombre como Meruňka
con tu mano pegada a la botella de vidrio traslúcido y con símbolos o signos.
Pintar tus labios con los dedos mojados
con la luz de un barquinazo o de una frenada
con colores untuosos
intransferibles
con sonidos de pintura.

 

Heurística de aquellas jóvenes mujeres sobre las voces sombrías

Ja, muerte,
dónde está el aire aspirado de los placodermos,
en el medio de sus emociones rudimentarias,
tanto como el vello de tu piel enrojecida,
o el aire en la gloria de las palabras habladas
en las tantas camas de las turbulencias
bajo las sábanas relatadas de Lublin o de Vercelli,
o el aire de los acentos checos
y los vientos rusos
cuando tu infinito se arqueaba
y las aguas más importantes eran líquidos en los cuerpos
anotados en calendarios sin marcas y en hojas agotadoras de trenes
bajo el fuego anodino de las ciudades.
Dónde están las bajadas de Saint-Charles cuando me esperabas
como una figurita de Giacometti
en el encuentro final de Marseille – mercredi soir
amour –
o las ostras de los diálogos en el Aber-Wrac´h
sobre los sonidos minerales de miles de moluscos que acababan de morir.
Dónde guarda, la puta muerte, tanto.

 
 
 
Home  |  Programación  |  Invitados  |  Homenaje  |  Arte poética  |  Informes  |  Contacto