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FRANCISCO AVENDAÑO
 
Nació en Santiago del Estero en 1980.

Reside en su ciudad natal donde ejerce la profesión de abogado.  Publicó el libro Biografia del Instante, en diciembre de 2009, con la editorial independiente Hongos Paginales.

Posee además dos libros de poesía inéditos Verbos Indelebles (2005) y La Piedra de Sísifo (2007).

Fue publicado en las antologías Poesia Joven del Noroeste Argentino de Santiago Sylvester (2008), edición del Fondo Nacional de las Artes, y en la Antología del Festival de Poesía del Norte Grande publicado por la Secretaria de Cultura de Salta (2008).
 
> Poemas

Teriantropía moderna

En un punto ciego del paisaje estamos nosotros,
bloqueados por el oficio en la mirada del actor,
nuestro escenario es un mundo acelerado
risas y abrazos
que se acumulan
se enredan y caen.
A cada momento alguno de los personajes
tiene la sensación de ser una piedra arrepentida,
un lenguaje perturbado entre las mismas palabras.
Porque en el fondo sabemos
que no debíamos ser más que animales
de amores voraces
de sueños reversibles.
Inocentes de nuestro propio drama.
Pero el sol entrará por la misma ventana
y no necesitaremos otra certidumbre.
El pasado es el relato del hoy,
círculos que se explican a sí mismos
para perder su simetría.

De cara al vacío
Nuestro graznido
Es toda la poesía.

 

A nivel del mar

Aquí el cielo improvisa el verde a ras de un mar que no conoce,
adivinando sus contornos,
esperando señales de humo,
o sólo el silencio que supone la armonía.

El cielo en mi ciudad es cielo en equilibrio.

Ordena las nubes tempranas,
las empuja 
lentamente hasta sus bordes,
Emula el viento, el olor de las olas,
aprende sus modos,
los corrige
y finalmente
coincide.

El mar,
esa energía,
desde un plano largo
con el lente apropiado,
es la uniformidad con relieves,
Lo que se espera de un espejo inmóvil.

Aquí en tierra cumplimos los designios del cielo,
en eso consiste la armonía.

Lobos desdentados enfundados en collares antipulgas
Saltan aros ya sin fuego
El domador disimula sus bostezos en cada reverencia

El cielo en mi ciudad imita el equilibrio.

Yo descubrí el sol en la herrumbre de los techos
cuando mi barrio tenía un fondo de casas bajas
y el cielo sólo era ese espacio de luz
y el mar una pregunta.

Hoy
cierro los ojos
y
vuelvo a ese rojo árido
cada vez que el viento en mi ciudad
afina
demasiado.

 

Recetario

“En la vida hay que sublimarlo todo, no hay que dejar nada sin sublimar”
Consejo de un tren de pasajeros a Oliverio Girondo, de “El espantapájaros”

Hay que aprender a cultivar floripondios,
canciones del Chaco,
tenedores,
no dar un instante de tregua al tedio,
ni a sus mensajes subliminales.
Hay que encontrar una droga
que prolongue el invierno,
tomarla cada seis o cada ocho horas.
Que no te sorprenda el ocaso
sin que el último rayo de luz
te prometa todo el horizonte,
que tu vida no dure más que tus precauciones.
Yo, personalmente,
hubiera preferido que el otoño fuera más ancho
y que el ratón Pérez no hubiera optado por el retiro voluntario,
pero cada vez tengo menos hojas y más metáforas
y debajo de mi almohada
no hay dentaduras, no hay monedas,
sólo pijamas en desorden.

 
 
 
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