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GABRIELA BEJERMAN
 
(Buenos Aires, 1973) es escritora y performer. En 1999 publicó su primer libro de poesía, Alga (Siesta).

Le siguieron Crin (Belleza y Felicidad, 2001), Pendejo (Eloísa Cartonera, 2002), Ubre (Eloísa cartonera, 2009). En 2004 publicó Presente perfecto, un libro compuesto por dos novelas breves, en editorial Interzona.

En 2009 publicó la novela Linaje, por editorial Mansalva. Además, entre 1997 y 2001 coeditó, junto a Gary Pimiento, la revista literaria Nunca nunca quisiera irme a casa. Durante esos años incursionó en la performance poética y de allí se extendió a la música.

En 2007, bajo el seudónimo Gaby Bex, editó Mandona, álbum que incluye canciones y también combina la poesía con la música electrónica. Dicta cursos de escritura y lectura en distintos ámbitos de la enseñanza.

 
> Poemas

Venado herido

Bebí el silencio de dios
En el manantial del bosque

Georg Trakl

En un azul espeso se pierde el hotel de un solo cuarto donde desesperamos y desaparecemos cada noche
La sombra del abrazo resplandece una vez más, morada y líquida
Llena las vías vacías entre lazos verde oscuridad y árboles delicadamente inquietos ante el abismo del anochecer
Inmensa caída, frágil lentitud hacia la nada adormecida, paso, pausa, paso...
Brilla el pájaro de la noche en tu espalda cristalina, puedo acariciarla en sueños, lamer la letal cocaína derramada
En una flor jamás moribunda, pétalos erectos hacia la hermética fronda
Dobla en tu fauce lunar un regusto, la lengua de sorella, una medalla caída sobre tu sien celeste
La nieve duele un poco más, beso dulce que sangra, herido venado de rosadas venas
Sangra, hasta la última hora del día florecen perfumados velos de diamante negro
Y al río se alejan resonantes las campanillas que antes te guiaban en la noche cargada de caballos en racimos agotados

 

Perdido

perdido, ¿cuánto amor dispersamos? ¿acaso bien? ¿acaso suficiente?

mientras desenvolvíamos nuestras momias sobre un escenario apagado
deseábamos no oír el rumor, la pesadilla invernal
que las nubes incisivas estrujaban contra el cielo de raso,
y las enredaderas crecían como mandíbulas para un encierro

mora el estrépito de la tormenta sobre la fragilidad, sobre la quietud
de nuestros sexos en el leve movimiento de los años
¡cómo nos regodeábamos en la codicia escarlata de besos que no sabemos a quién dar!
¿cómo esmerarnos ya por leer la partitura que otras lenguas dictan?

nuevamente en desorden encontramos la casa
pero no tendríamos fuerza para regresar cada cosa a su lugar
con los pies reconocemos papeles quebrados
una traducción comenzada y pronto abandonada
para explicarle a alguien que el amor se parece menos y menos
a aquello que solíamos llamar así

sin embargo, las tristes flores perfuman esta tarde fría con su daltónico color
mientras con lentitud procuramos hallar los diccionarios que antes nos servían para hablar


Despertar en un papel volando

soñé con vos
tenía las manos llenas de arena caliente
estuve mucho tiempo quieta al sol
esperando tomar agua adentro de tu boca
la temperatura del mar se abría y lo compartimos
un corazón de terciopelo
exquisito y rápido, transparente,
sin pensar escribo tu nombre entre las nubes
y mis palabras favoritas:

viento, viajar, volver a vernos
 
 
 
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