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GERALDINE PALAVECINO
 
Nació en Salta en 1973.

Estudió Letras en la Universidad Nacional de Córdoba, es psicopedagoga y coordinó talleres literarios para jóvenes y adultos. Publicó El ritual de las sierpes y Bajo tu peso, primeros premios provinciales.

Fue distinguida en diferentes oportunidades, participó de la Antología de poetas jóvenes del Noroeste argentino realizada por Santiago Silvestre, fue becaria de la Fundación Antorchas y por el Fondo Nacional de las Artes.

Escribió La avenida de las camelias, poemario dedicado a Malvinas, y Mesa de Morgagni, ambos inéditos.

 
> Poemas

Visión del accidente

En el año 1986 corrió un auto atemporal y largo
Por esta calle que baja atravesando un río.
Un ebrio sin rostro está siempre al volante.
Un ebrio baja corriendo calle abajo con su auto como en punto muerto,
Río abajo sobre el cuerpo de una niña, que es una muñeca de cabellos oscuros
Siempre detenida ahí para ser embestida.
Es la ciudad de La Falda,
Es verano y todos descansan.
Nadie más que yo contempla lo que sucede.
Ella es una niña que deambula en las siestas.
Yo soy una niña que deambula en las siestas.
Vuelvo a mirar su cuerpo arrastrado, yo en un lugar seguro,
Del otro lado del río o veinte años después.
Ahí está la niña bajo el auto, el ebrio se despierta del sopor a la tragedia.
La gente se acerca, hay gritos.
Nadie le dice nada a él, ni le hacen nada.
Buscan a la niña bajo el auto, bajo las aguas.
Levantan el auto entre varios hombres. Ahí está. Una niña larga que sobre de los brazos de su madre.
Se desparrama como el agua.
Yo sigo en la vereda del frente. Cuando entro al hotel le cuento a mi madre lo que vi, sin mayores muestras de interés. Ella se asusta,
Sabe que una vereda o la otra es casi lo mismo.
Vuelvo veinte años después,
Y están las niñas viéndose una a la otra.
Se reconocen, entonces
Aparece el auto al principio de la calle
Y cada una se ubica de nuevo en su lugar.

 

Tres gorriones o Robert Franklin Stroud

Niño de tu madre
Sólo un incipiente asesino creció en vos,
Te detuvieron tus pájaros sangrantes
Y esa mujer a quien tu madre llamó traición.
Entre laberintos de leyes en Alcatraz
Determinaste que tu celda sería el sitio
Y el cautiverio compartido de tus
Gorriones, la causa.
Esa celda es más abierta que su útero,
Porque aun cubierta de estiércol,
Te devolvió un espejo más piadoso.
Sos el pajarero de Alcatraz,
En la película que no te permitieron ver.
Sos Burt Lancaster sin tu próspero caos
Sin tu capacidad de revolver sin que intervenga la mano.

 

Habitación 107
En el hueco oscuro de la náusea
Redondo está el miedo.
Sueñas chiquita en tu cuerpo con la nieve
Un lugar en Rusia, dices con la voz pálida
Mientras por la guía delgada penetran las estepas.
Como  comprender o asimilar como las horas
La línea o el círculo, toda la revolución copernicana.
Entra por la guía la  única certeza inalterable:
La habitación 107 debe cerrarse.
Tal vez pensaste que la nieve podía
Preservar el último recorrido de tus ojos,
No el de hoy ni el de ayer;
El recorrido feliz de los ojos verdes.
Bajo el jazmín de arroz te sentarás otro día
A mirar la tarde conocida.
Hoy sueñas con la nieve,
Como en una esfera de cristal te imagino
Una niña abrigada nos saluda,
Una niña que moja su cara en una nieve ilusoria.
He pensado en tu nieve cómo es,
Dónde la habrás visto quién te la habrá mostrado.
Cuando el goteo se detenga,
Cuando cierren tu carpeta de enferma
Cuando se clausure la espera
Entonces entrarás para siempre en tu sueño.
Que duermas mientras las instituciones,
Las obra social, los protocolos médicos
Inician la desaparición lenta de tu nombre
De su lista cruel de condenados.
¡Fuera de la habitación 107, te quiero fuera!
Maldigo la habitación 107,
Que nada prolongue tu temor ni alargue tu agonía.
No habrá retrasos en tomar tu única revancha:
Has decidido el lugar de la nieve.
No habrá más máquinas que cuenten los segundos que te quitan.
Ni esperanzas ni sentencias.
Como el dolor, ahora el blanco.
Suma blancura de las cosas, nix nivis.
Agua que cae, que se precipita en copos en cristales.

Del marfil, del otro lado del marfil tal vez nos recuerdes.
 
 
 
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