*
Tenía el corazón abierto,
y en el corazón una piedra,
y adentro de la piedra, un grillo.
¿Y qué esperaba?
No sabía dónde habían idos mis padres.
Estaba en la tierra caliente, desmalezando.
Eligiendo los restos útiles para construir una máquina.
Traduciendo la palabra de la montaña que habla.
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Vos eras como el viento que atraviesa el monte.
Vos robaste la piedra encendida para que nadie se perdiera en el monte.
Eras la montaña que brama, la montaña que canta.
Vos no dejabas a nadie sin levantar una piedra
y ver el grillo. Nos llevabas a cuestas
hacia el rancho y la sombra.
Los últimos se quedaron balando y mirándose los pies.
Nos apagaste el corazón para dormir.
***
Estaba en la tierra caliente y levanté los ojos.
Le hablé a la piedra encendida por siempre en la altura.
Le pedí: la consumación de todo lo visible,
la combustión espontánea, el granito calcinado por su beso.
¿Para qué? Para que no quede más que el amor,
la tenue sombra de un corazón desangrado,
el canto del grillo. |