El porvenir
Baltazar Vega ¿lo recuerdan?
Es mi hijito, apenas cinco años,
un gran hombre, podría decirse...
El día de su cumpleaños fuimos con Fabián a un supermercado de juguetes.
¡Otra vez un supermercado en mi vida!, dije al entrar.
Pero un supermercado le da vida a un montón de gente,
y no hablo de salarios sino de la imposibilidad de parar de recibir,
regalar o comprar cosas.
Hablo que un supermercado calma
ansiedades, despierta el valor en las personas, descubre las vocaciones
de los ladrones callejeros.
Un supermercado es el eje polirubral de la urbanidad moderna, sino fijensé:
qué hay de García Lorca sino el haber sido protagonista involuntario
de “A supermarket in California”. ¿Y de Ginsberg?, que hay de él, pingüino, sino
la gran inspiración que sentía por el amor lorquiano hacia los empleados de la carnicería de un supermercado.
¡Y qué me dicen ustedes, ases de la lectura, del repositor
besando a la niña que pesa las verduras bajo una torre azul y roja que dice Carrefour!
¡Todo es posible rodeados de alimentos!
Abandonar un supermercado con un carrito lleno de comidas
es como velar a un pariente muerto: no vemos la hora
de llegar a casa y comernos todo.
¡No es posible -le grité a una chica de hermoso culo-
un supermercado en mi vida otra vez!
Pero no me senté hasta este momento para hablarles de supermercadismo.
Baltazar Vega, mi hijito querido, tiene neumonía,
y lo llevaré a una zona tropical a curarlo.
Mi hijito y yo mañana viajaremos al Paraguay en micro, a curarnos, ambos.
Son 20 largas horas de viaje en que recapacitaré muchas cosas.
Sé que no seré bien recibido por la familia de mi esposa.
“Familiaridades” que no vale la pena chusmearlas en un poema.
Yo no sé si esto es un poema.
Uno se enamora de una mina y hay que dejarse de joder.
No hay nada realmente trágico. Trágico es haber nacido.
Nacer es el acto trágico por supremacía de la existencia humana.
Como dice Leonardo Favio, “el hombre es polígamo por naturaleza”.
Poligamias, familiaridades, supermercadismo... nada de eso es mas importante que la salud de mi hijo.
¡Allá, vamos, Itacurubí de la Cordillera! a ponerlo al reyecito en su trono.
Este poema debería llamarse “El reyecito”.
Si yo tuviera la certeza de que esto es un poema...
Hijito mío e hijo de mi padre también y padre mío.
A los pocos hombres que tienen un hijito les digo: un hijito es un padre.
Una vez conocí a un hombre que escribió un poema:
“Sentado a los pies de la cama de mi viejo”.
Ese poema era un poema triste, había un padre enfermo, un hijo que lo lloraba...
Yo laburaba en un supermercado y lo leía y lloraba entre las góndolas,
me traía reminiscencias de mi padre borracho, tirado en la cama vomitando alcohol...
Así estoy esta madrugada fría,
tirado en el piso sobre un colchón, durmiendo a los pies de la cama de mi hijo,
esperando el momento de tomarme un bondi a Retiro.
Mi hijito tiene neumonía y no hay forma de curarlo, me dijo anoche
su madre en la guardia del Sanatorio Güemes.
Éramos tan felices... cuando la vida no nos mostraba su cara de culo.
Hijito: hoy murió el grupo Néctar, del Perú,
lo mejor de la chicha peruana. Se murieron todos.
El grupo Néctar te canta desde el cielo neumónico para que te mejorés.
Poligamias, familiaridades, supermercadismo, Néctar... nada de eso es mas importante que la salud de mi hijo.
Tampoco me senté acá para hablarles del grupo Néctar. Mi gran tema es mi hijito.
No obstante, mi hijita Morena es una genia, gran independentista a pesar de su año y medio de vida.
Esta madrugada de 15 de Mayo me levanto y corro a un locutorio a navegar por el
ciberespacio de los inventores del hambre, los que le compran el petróleo a Chávez e
inventaron los petrodólares con los que se sustenta la Revolución Bolivariana Chavista.
Así es el dinero, amigos, es el bien y el mal a la vez.
Corro al ciberespacio de mierda a contestarle al que firmó mi muerte en Wikipedia:
“Murió en estas páginas el protagonista de tantos versos de lo real atolondrado”.
Ahora está forfai,
tirado en un colchón en el piso, con ganas de rajarse al Paraguay.
La voz de mi mujer recriminándome cosas:
“éramos tan felices, éramos tan felices, íbamos a progresar
hasta que pintó el amor con su cuadro trágico y su barilaresca tipografía de cumbia”.
La cumbia es una desgracia, amigos, ases de la lectura, no afanemos mas con este tema.
La cumbia, lo real atolondrado, mi mujer pegada a mis huevos
como hace quince años, no es nada, pura metáfora, anáforas de una vida de chanchos,
nada de eso es mas importante que la salud de mi hijo.
La ciudad
Soy niño
y camino por
la Avenida Coronel Díaz,
todavía no viví.
Pasó frente a “Arturo”,
la tienda de ropa para hombres.
¡Faaa, qué camisas,
qué pantalones Príncipe de Gales!
Sueño con ponerme uno de esos...
Pero soy un niño, no puedo...
Todavía lo peor no he merecido.
No viví nada pero ya estoy,
ya pienso en detener el tiempo.
Voy arrastrado de la mano
por mi madre que
siempre siempre siempre
anda apurada.
Mi madre tiene un sugestivo
pantalón verde y la chistan
taxistas y porteros.
Soy un niño,
lo peor me espera
a la vuelta de la esquina.
Nunca podré manejar
un auto ni estudiaré
en un colegio católico.
Soy un niño
camino por Coronel Díaz,
la pituquísima avenida
de barrio Norte.
Soy un niño,
nunca seré nada.
El tractor
Me tenés cansado y te compré un tractor
para que te entretengas un rato en un
campo de Florencio Varela
(y si no lo obtenemos
lo podés pasar por el Parque Lezama:
un tractor que no se usa se muere).
Tractorera, te compré un tractor para
que gastes energía, así el atardecer llega
justo a tu melena y te da en seco sin molestarte.
Te compré un tractor
de esos que los japoneses traen de Japón en barco,
un tractor verde, solitario y un sombrero
para que emules al Vaquerito de la historia cubana;
verde pa que te pillés,
te invisibilices por el atardecer florenciovarelino.
Un tractor para que trabajes la tierra y levantes
una cooperativa de personas alegres
que produzcan sus propios alimentos,
una casa modelo y te llenes de hijos,
para que salgas de ese departamento
de la Pajarera del Once.
¡Invisibilízate!, hacé las pases con la tierra
para que te dejes de tomar el 86 a la cartonería
en este hermoso putológico país. |